sábado, 21 de mayo de 2016

Lectura: La serpiente verde.

Una vez leí que los libros tienen vida propia. Son seres pacientes, que esperan lo que haga falta sobre un estante el momento adecuado de caer en tus manos.  Al leer La serpiente verde de Goethe no sólo corroboré esta creencia, sino que aprendí que también actúan como espejos, reflejando la imagen del lector que no se proyecta en los cristales del baño y de nuestro tocador. 

En el caso del libro al que remito en esta entrada, hay tantas posibles interpretaciones como lectores predispuestos a realizarlas. Lo más bonito y gratificante de esta lectura, en mi opinión, es que no tiene ninguna pretensión de hacerte comprender nada, y aún así, si prestas la atención necesaria, consigue hacer que te comprendas a tí mismo.









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