lunes, 29 de febrero de 2016

Los colores. Inquietantes criaturas.

   Dependiendo del ambiente social en el que te encuentres, te comportas de forma distinta. Esto es así. No te molestes en negarlo. No te comportas de la misma manera cuando vas a ver a tu abuela que cuando sales por ahí con los colegas. No contestas al móvil de la misma forma si te llama tu padre que si te llama tu pareja. Incluso dependiendo de con quién estemos nuestro estado de ánimo varía, estando más vivos o un poco apagados.

   A los colores les pasa lo mismo. Su comportamiento depende de quién tengan al lado.  Los colores son como una sociedad, interaccionan entre sí, dependen unos de otros para ser quienes son. Un color es un color dependiendo del que tenga al lado.

   Son los colores tan parecidos a las personas que hasta hablan. Y no sólo un idioma, sino varios. En Occidente el rojo habla de la pasión, la violencia y el amor, mientras que en países como China es el color de la buena suerte, el progreso, la belleza. Su lenguaje (su significado) varía según la parte del mundo en la que se encuentren.

   Otra característica llamativa de los colores es lo mucho que los necesitamos en nuestras vidas. Puesto que no tenemos memoria del color, su presencia es imprescindible para poder ver los distintos matices que puede tener un mismo tono en una gama.

   Los colores, criaturas cambiantes, impredecibles e inteligentes. Pueden decirnos toda la verdad o tratar de engañar al espectador inexperto mediante la simbología y sus distintos lenguajes. Salvajes formas de vida que solo se doblegan bajo el pincel del amaestrador concienzudo y perspicaz, pudiendo llegar a dar un resultado expresivo inigualable.





Clase de Composición.

   Al poner varios elementos en una superficie o soporte creando una armonía, estamos componiendo.

   La composición en el lenguaje visual nos da mucha información sobre lo que estamos viendo y lo que se nos quiere transmitir.

   Hay varios tipos de composición, los cuales pueden combinarse:

   - Ascendente: se relaciona, en la cultura occidental, con lo positivo por la forma de lectura.

   - Descendente: se relaciona, en Occidente, con lo negativo.

   - Simétrica: Vertical, horizontal o ambas. Se entiende como salud. Proporciona equilibrio, tranquilidad, orden, quietud...

   - Asimétrica: perturbadora. Quieres mirar más.

   - Triangular: en esquema de triángulo con la base hacia abajo se relaciona con lo divino y lo espiritual. En cambio, si el esquema es en forma de triángulo invertido se relaciona con lo terrenal.

   -Repetición: marca un ritmo que puede producir armonía.

   - Vertical: se relaciona con la espiritualidad y la elegancia.

   - Horizontal: habla de lo quieto, lo muerto, lo pasivo.

   - Dominante curva o espira y circular: envuelven. En espiral, la composición agrada más. La espiral puede ser centrípeta o centrífuga.

   Otro elemento a tener en cuenta en la composición en la situación de la línea de horizonte. Si se encuentra muy elevada puede producir agobio. Si la encontramos muy baja nos provocará sensación de superioridad. Si se encontrara centrada nos transmitiría equilibrio.

   La posición del ojo también es importante. Un ángulo picado empequeñece al sujeto, coloca al espectador en una posición de superioridad, mientras que un contrapicado ensalzará al objeto retratado poniendo al espectador en posición de inferioridad.

Por último, no todo tiene por qué ocurrir dentro de la imagen. Parte de la recreación puede quedar fuera de campo. Lo cual también, aunque suene contradictorio, aporta mucha información.



viernes, 19 de febrero de 2016

Ignasi Abalí. Conclusión.

Estamos llenos de palabras y de límites.

Más sentir y menos nombrar.

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Foto: Isabel Domingo.

Pieza: Blanco plata.

Autor: Ignasi Abalí.



miércoles, 17 de febrero de 2016

Joven muere por sobredosis de imágenes.

   El pasado sábado por la mañana, Manuela encontró a su hija de 20 años sentada sobre su cama. De su boca no hacían más que salir frases inconexas. Algo iba mal. La madre, preocupada, al ver que el shock no remitía decidió llevar a Clara (su hija) al Hospital Universitario La Paz. Una vez allí, fue sometida a varias pruebas físicas y psicológicas. Su salud estaba intacta en todos los aspectos excepto en el mental. Todo rasgo de la Clara que sus más allegados conocían había desaparecido.

   "Clara ya no es la misma. Ya no es ella. No habla de lo que le gusta. Habla con total convencimiento de temas sobre los que no tiene ni idea. Dice cosas sin sentido. Es un chorro de información inconexa y vanal. Mi mejor amiga ya no existe." Nos cuenta Cristina, compañera de facultad de la joven.  Mientras su madre afirma "Mi niña, mi Clarita, ya no existe. Ha muerto." Escalofriante.

   ¿Qué ha llevado a una joven con toda una vida por delante a perder la cabeza de este modo? ¿El alcohol? ¿Las drogas? Resolveremos esta duda enseguida, pero primero permitanme ponerles en antecedentes.

   Vivimos en una sociedad repleta de información. Gracias a la globalización ésta se puede transmitir en mayor cantidad, a mayor velocidad y de muy diversas maneras.  Una de estas formas de transmisión, y probablemente la más efectiva, son las imágenes. Estamos rodeados de ellas, podríamos decir que hasta nos invaden, solo que lo hacen de la mejor manera posible: sin que nos demos cuenta. Carteles publicitarios en las fachadas, en los andamios, en los autobuses y hasta en algunos coches; en camisetas, en la franja superior de los calzoncillos, en las etiquetas y envases de los productos, en la televisión y , por supuesto, en las redes sociales. Seguro que me dejo algún medio en el tintero, pero he llegado al punto al que quería: el mundo Facebook,  Instagram,  Pinterest, Tumblr, YouTube y demás. Hemos llegado a un punto en que no sólo consumimos las imágenes que prácticamente nos hacen tragar con embudo para seguir dando cuerda al sistema capitalista. Ahora nosotros también generamos imágenes y las compartimos con el mundo entero. El problema es que pocas veces caemos en la cuenta de la responsabilidad que esto supone.

   "Mira mis bíceps" "Mira este cuerpo serrano" "Mira la lechuga que me voy a comer" "Mira lo guapo/a que estoy ¡y recién levantado!" No sólo muchas de estas fotos suponen agravios sexistas y machistas, lo vanalizan todo o, directamente, nos informan de cosas que nos importan más bien poco. Suponen un chorreo constante de información que nos afecta, incluso aunque no lo creamos, aunque no le demos ni a "like" y tan solo pensemos "menuda chorrada" y arrastremos la pantalla en dirección a la siguiente imagen. Podríamos ser la persona más tonta de la galaxia, que aún así nuestro cerebro captaría toda esa información. Y es aquí donde se presenta la problemática. Seamos los más tontos o los más listos de la galaxia, el no saber interpretar las imágenes puede producir un "colapso" que desemboque en una mala gestión de nuestras propias ideas y razonamientos.

   Siendo conscientes de todo esto, quizá tomemos más en serio esa responsabilidad de que antes hablaba a la hora de generar y analizar imágenes.  Nuestra salud mental nos lo agradecerá. Saber construir una imagen, tener en cuenta el orden de lectura al componerla, cuidar el lenguaje visual tanto a nivel formal como a nivel semántico, contextualizar adecuadamente el marco histórico - cultural. Todas ellas pautas imprescindibles en el proceso de alfabetización visual  que tendremos que seguir por nuestro propio bien.

   Clara desapareció entre un maremágnum de imágenes vacuas, innecesarias. Fue absorbida por todas esas horas mirando a la nada que se le presentaba en una pantalla. Sufrió una sobredosis que su cerebro (quizá especialmente sensible) no pudo soportar. Quizá algún día vuelva en sí, quizá jamás lo haga. Quizá sea el momento de concienciarnos para generar un "mundo visual" más responsable.



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Exponer ante un público. Pautas y consejos.

Buenos días, tardes o noches.

Como todos sabemos, o al menos creemos saber, a la hora de expresarnos todo cuenta. No todo lo que se dice se dice por medio de palabras. Al igual que el estilo, en el caso de los escritores, aporta mucha información sobre lo que se quiere transmitir, en el caso de la expresión verbal contribuyen en gran medida a la comunicación los gestos, el tono de voz, nuestra posición... En resumen, a la hora de expresarnos verbalmente cuentan tanto la comunicación verbal como la no verbal; ambas generarán una impresión en el espectador, y tenemos que tratar de que ésta sea la más adecuada a la situación en que nos encontremos.
No se trata de ser falsos, de fingir ser quien no somos o de impostar nuestra personalidad, sino de ser capaces de seguir unas pautas concretas para expresar lo que queramos (y lo que creamos) con orden, coherencia y la mayor seguridad posible.

Evidentemente, cualquier persona con la suficiente inteligencia emocional entiende que el comportamiento y las "maneras" cambian según el ambiente social en que nos encontremos. No es lo mismo comentarle nuestra opinión a nuestros colegas mientras "cerveceamos", que transmitírsela a nuestro jefe (incluso aunque sea también nuestro colega). En este caso nos pondremos en la tesitura de hablar ante un público ya sea más o menos extenso:

1. En primer lugar tenemos que hacer ver que estamos tranquilos y seguros. Esto tiene que quedar claro desde que la primera mirada se posa en nosotros a la expectativa, lo que suele ser nada más anuncian nuestra próxima intervención o, a más, nada más levantarnos del asiento. Por ello nos levantaremos co serenidad (no lentitud) y no dirigiremos a nuestra "marca" con paso firme, ni apresurado, ni rezagado.

2. Lo ideal es colocarse en un punto en el que sepamos que nos puede ver bien toda la audiencia, o al menos la mayoría en el caso de que haya algún inconveniente cuya solución no quede a nuestro alcance. Por ejemplo: una columna que dificulte la visibilidad de algunas butacas.

3. Debemos adquirir una posición neutra, evitar tics, movimientos muy repetitivos, temblores, caminar de una lado a otro continuamente, levantarnos y sentarnos repetidas veces, balancear nos cambiando el peso de pie, etc.

4. Trataremos de proyectar bien la voz. Para ello, si llevamos texto de apoyo, intentaremos no bajar la cabeza para leer demasiadas veces ni durante tiempos muy prolongados. Emplearemos un tono de voz adecuado, tenemos que recordar que todo el público quiere escucharnos, pero a nadie le gusta que le griten.

5. Otro punto importante es la buena vocalización. Da igual que todo el mundo nos oiga si no se entiende lo que decimos.

6. El orden del discurso tiene que tener coherencia y cohesión. Son recomendables la frases cortas y concisas. Esto evita que nos vayamos a pasear por los cerros y facilita la comprensión y el seguimiento a nuestros interlocutores. Hay que evitar las coletillas y el caer en las "vocales eternas" (eeeeeeeeh, pueeeeeeees, estoooooooooo) Además comenzaremos la intervención presentándonos y con los agradecimientos pertinentes. A la hora de cerrar agradeceremos la atención prestada y esperaremos a entrar en el camerino para descomponernos en mil pedacitos por la presión y los nervios que nadie ha notado.

Si seguimos con asiduidad estos pasos a la hora de enfrentarnos a situaciones similares, no perderemos el miedo, pero aprenderemos a controlarlo y a que la situación no nos supere.